Es uno de los hábitos más frecuentes y, a la vez, uno de los errores de seguridad más comunes: salir de casa y cerrar la puerta de un portazo, sin echar la llave. Muchas personas piensan que la puerta ya está cerrada. Pero si solo la sujeta el resbalón, puede abrirse en muy poco tiempo y sin dejar señales.
Qué es el resbalón
Es la pieza inclinada que sale de la cerradura y encaja en el marco cuando cierras la puerta. Su función es mantener la puerta cerrada, no protegerla. Al tener forma de cuña, basta con empujarlo hacia dentro para que la puerta se abra.
El método del resbalón
Es una técnica de apertura muy conocida: se introduce una lámina flexible entre la puerta y el marco, a la altura del resbalón, y se empuja hasta liberarlo. No necesita forzar la cerradura ni romper nada, por eso a veces es difícil demostrar después que hubo un robo.
Por qué echar la llave lo cambia todo
Al girar la llave, salen los pestillos o cerrojos de la cerradura. A diferencia del resbalón, son piezas rectas y macizas que no se pueden empujar hacia dentro. En una puerta blindada, además, suelen ser varios puntos de cierre. Con la llave echada, el método del resbalón deja de funcionar.
Echar la llave también puede ser importante ante el seguro de hogar: algunas pólizas exigen que haya señales de forzamiento para cubrir un robo.
Cómo proteger también el resbalón
- Cerraduras con resbalón antitarjeta o con un segundo pestillo que bloquea el resbalón al cerrar.
- Ajuste correcto de la puerta: si queda holgura entre puerta y marco, es más fácil introducir una lámina.
- Burletes y tapajuntas que cierren el hueco entre la hoja y el marco.
- Cierre automático en algunas cerraduras electrónicas, que echan el cerrojo al cerrar.
Un gesto de segundos
Echar la llave cada vez que sales, aunque sea un momento, es la medida de seguridad más sencilla y barata que existe. Y si tu puerta tiene holguras o tu cerradura no protege el resbalón, un cerrajero profesional puede solucionarlo. Busca uno de confianza en nuestro directorio de cerrajeros.




